MODERNIDAD LÍQUIDA EN SOLILOQUIOS DE EDGARDO RIVERA MARTÍNEZ

Gerson Ramírez Ávila1

1Universidad Privada del Norte, Iquitos, Perú.

Correspondencia:

Gerson Ramírez Ávila
ciudaddepalos26@gmail.com
Fecha de recepción: 24/05/2020 - Fecha de aceptación: 24/06/20290

Resumen

La categoría sociológica “modernidad líquida” fue propuesta por Zigmunt Bauman para referirse a la sociedad actual, cuyas características son volatilidad, incertidumbre e inseguridad. Considerando esta perspectiva asumimos que en Soliloquios de Edgardo Rivera Martínez se evidencia una sociedad marcada por la limitada trascendencia y fragilidad de las relaciones establecidas entre sus miembros, sobre todo en el plano amoroso, el mundo laboral y las relaciones familiares.

Palabras Claves:

Modernidad líquida, amor, mundo laboral, familia

Introducción

A la singular labor novelística de Edgardo Rivera Martínez con obras como País de Jauja (1993) se entronca su narrativa corta reunida en Cuentos del Ande y la neblina, 1964 – 2008 (2018) donde se muestra la presencia de dos mundos: el andino y el costeño (limeño, específicamente); además, el sentido del hombre contemporáneo, conviviendo en espacios disímiles, sin llegar a ningún conflicto de negación.

Bajo el título de Soliloquios / Ciudad de fuego (2018) se reúnen cuatro historias, de las que hemos considerado para el presente trabajo Soliloquios, en el que Rivera regresa al gran escenario de Lima a través de un personaje femenino que evoca los acontecimientos más trascendentes de las diversas etapas de su vida, entrelazándolas con el presente, desde donde proyecta su existencia frustrada hacia un futuro que probablemente no ha imaginado.

Modernidad líquida

El concepto de modernidad alude a una etapa histórica, un modelo de sociedad, el modo de ser propio actual, que cambia en la medida en que surgen nuevas concepciones. Así, la modernidad como actitud refleja una manera de obrar, pensar y sentir, de acuerdo a la libertad del individuo. De esta manera, es clara la afirmación de Parra (2004) al sostener que en los países en vías de desarrollo, bajo la presión del crecimiento económico, la modernización penetra cada vez más en todas las esferas de la comunicación humana: familia, valores y relaciones de trabajo.

Vivimos en un espacio-tiempo dominado por circunstancias que no le permiten al ser humano vivir seguro en el lugar que ocupa, laboral, sentimental ni familiarmente, pues todo se diluye y se expande en la atmósfera cada vez más enrarecida de un mundo que atenta contra su seguridad material y afectiva. De esta manera, se afirma: “La vida no ha llegado todavía a volverse insensata, pero es rutinaria, irreflexiva y sin certezas” (Bauman, 2000, 27).

1. Amor líquido

Bauman (2000) denomina “amor líquido” a aquellas relaciones sentimentales de pareja, cuya característica común es la volatilidad, es decir, aquello que no permanece y, por lo tanto, crea un relativismo emocional, e incluso sentimientos de inseguridad e incertidumbre. Este tipo de relaciones corresponde a un contexto propio del mundo contemporáneo que, en vez de fortalecer el espíritu humano por los procesos de interacción, lo degenera, produciendo frustraciones.

Las relaciones amorosas de Laura del Valle (protagonista) se inician en la secundaria, con una relación a la que ella se refiere como “corta y divertida” (Rivera, 2018, 26), a la que llamaremos intrascendente. Su segunda experiencia la refiere así: “Quiero recordar ahora mi primer y verdadero amor. Sí, el que tuve con ese joven, Eduardo Saravia…, en quien se notaba fácilmente su origen serrano” (Rivera, 2018, 38).

Esta presentación de su “verdadero amor” enmarca al sujeto representado dentro de unas relaciones sociales y raciales en las cuales la expresión “serrano” marca el efecto censurador (subrepticiamente) por tratarse de una persona proveniente de un estrato social económicamente inferior al de Laura, quien forma parte de una clase social acomodada. En el mismo apartado se evidencia con más claridad el sentido de rechazo. Así escribe en sus soliloquios: “Algunas de mis compañeras de la Católica, que llegaron a conocerlo, se sorprendían de que yo, con mi buen ver y la clase social a la que pertenecía, tuviese una relación amorosa con un joven a todas luces de condición modesta y origen serrano. (Rivera, 2018, 39).

En la cita anterior se plantea de una manera soslayada la dicotomía costeño / serrano con toda la carga social que los términos contienen, aunque la protagonista se defina como “gentil, apasionada y sin prejuicios” y, por lo tanto, más tolerante. Sin embargo, es opresivo el espacio socioeconómico del cual forma parte, y le resulta incierto, inseguro. Por eso se termina, se diluye, se esfuma todo el “amor” con el viaje del joven a su pueblo por asuntos familiares.

Ya en Francia, Laura del Valle vive otro romance. “Recordaré ahora la relación, muy corta, con ese joven Denys Fontaine, que estudiaba historia del arte… No tardé mucho en aceptarlo… ¿Me había enamorado?” (Rivera, 2018, 47). Las relaciones que la protagonista establece no son sólidas, todo lo contrario, son ligeras, frágiles, volátiles, profundizando así sus sentimientos de inseguridad, de rechazo a lo que dice amar y no sabe definir.

De regreso en el Perú, inicia una nueva relación sentimental, la cual, desde su origen representa una incertidumbre. Incluso, después de la pérdida de su bebé, habiendo ya sostenido una larga convivencia, donde, presumiblemente se van superando ciertas desavenencias relacionadas con los espacios de la pareja, no solo ha surgido en ella un sentimiento de frustrada maternidad, sino que, además, un permanente cuestionamiento respecto al significado de su vida junto a él. “Más de una vez me he preguntado cómo pude aceptar la propuesta de matrimonio de Alfonso… Me pregunté, incluso, si en verdad lo había amado. ¿Habían sido suficientes su figura, su profesión, sus muestras de afecto?” (Rivera, 2018, 57).

2. El mundo laboral

Respecto a los tiempos actuales en relación con el mundo del trabajo, Bauman (2000) sostiene:

La flexibilidad es el eslogan de la época, que cuando es aplicado al mercado de trabajo presagia el fin del empleo tal y como lo conocemos y anuncia el advenimiento del trabajo regido por contratos breves, renovables o directamente sin contratos, cargos que no ofrecen ninguna seguridad por sí mismos, sino que se rigen por la cláusula de “hasta nuevo aviso”. La vida laboral está plagada de incertidumbre. (p. 157)

Ciertamente, el mundo se sostiene sobre bases inciertas. Hoy, las empresas consideran fundamental el manejo de las habilidades blandas; buscan profesionales capaces de relacionarse de manera más efectiva con su entorno (actitudes proactivas para resolver problemas). Pese a esta visión, el empleado moderno prefiere dar saltos; no está mentalizado con iniciar su vida laboral en una empresa y terminarla allí. Busca nuevos espacios, lo cual también crea de algún modo inestabilidad e inseguridad emocional.

En Soliloquios, se muestra la presencia de un padre, abogado de profesión, cuya vida laboral, salvo esporádicos viajes, ha girado en torno a Lima. Es la raigambre tradicional de otros tiempos. En cambio, los hijos ya están inmersos en la modernidad líquida. Por ejemplo, José Carlos, hermano de Laura, se recibe como ingeniero en Lima, y en poco tiempo, la empresa donde labora lo envía a otras ciudades: Trujillo, Lima, Iquitos. De allí, decide abandonar ese empleo y viajar a la Argentina, y va también de una ciudad a otra. Todo esto, obviamente, en un afán por encontrar un espacio con mejores perspectivas. Pero ¿dónde está la estabilidad? ¿Qué es lo que impulsa al hombre de hoy con más fuerza, si no es el sentimiento de fragilidad de las relaciones sociales, laborales? ¿Hacia dónde va el hombre en el mundo moderno? ¿Quién lo guía?, ¿quién lo condena a una permanente incertidumbre?

¿Y qué sucede con Laura del Valle? Es una diletante. Ama la poesía, la música, el teatro. Sin haber concluido sus estudios de letras en San Marcos, viaja a Francia y sigue cursos en la Sorbona y… “pensé que cuando volviera a Lima y me graduara, podría ser profesora de literatura francesa” (Rivera, 2018, 45). La herencia anticipada de su padre le permite una vida holgada, sin concluir profesión alguna. En el fondo, una dependencia material que la mantiene indefinida, sin encontrar el verdadero sentido a su existencia.

3. Las relaciones familiares

Entendemos por relaciones familiares a aquellos lazos surgidos en el contexto del hogar en interrelación con personas no solo del tronco familiar, sino de otras que han llegado a complementarse.

La familia del Valle Brandsen presenta una singular estructura. Es un grupo de clase alta, constituido por un padre y dos hijos formados con las mismas aspiraciones. La madre murió joven. A esta base se adhieren los miembros de un grupo cultural y racial distinto. Son personas de procedencia andina que cumplen el papel de servidumbre: Leoncia, la cocinera, y Justina, la adolescente huérfana que ayuda en las tareas de la casa desde las diez de la mañana hasta las cuatro de la tarde.

El núcleo familiar de los del Valle Brandsen es disfuncional. Personas de otra condición social y racial son las que determinan nuevos lazos afectivos, al menos de parte de Laura, con su aprecio por Justina y su hermano Alvarito.

La primera relación afectiva que establece Laura es con Justina, pláticas alentadoras para un espíritu como el suyo que por dentro se siente aislado, perseguido por la tentación del fracaso. “Hoy por la mañana me puse a conversar con Justina… Fue una conversación muy cálida, después de la cual la llevé a mi cuarto y le regalé una pulserita de plata…” (Rivera, 2018, p. 23).

A pesar de la privilegiada situación económica que le permite incluso vivir sin dedicarse a un trabajo conocido, siente la necesidad de acercarse a los miembros de la servidumbre, no solo directa, sino indirectamente, con Mateo y Asunta, abuelo y tía, respectivamente, de Justina. ¿Qué sucede? ¿No ha encontrado entre los miembros de su grupo social un real y gratificante espacio para el diálogo sincero y emotivo? De alguna forma, Laura nos recuerda a ese desamparado Julius, de la novela Un mundo para Julius (Bryce, 1997), en medio de su riqueza material, intentando ser “alguien” entre aquellas personas de distinta condición social.

La soledad y la incertidumbre es lo que ha marcado ya el alma de Laura. No solo el hecho de su fracaso matrimonial es lo que la ha llevado a un espíritu de retraimiento, sino la posibilidad de no superarlo. Y lo dice de varias maneras:

. “Sí, Laura… Contenta, a pesar de tus frustraciones” (p.35).

. “Aún me queda ese sentimiento de frustración. ¡Sí, de gran frustración!” (p.59).

. “Hoy en la mañana, en que estaba sola, me vino un sentimiento de tristeza, sin que supiera el motivo…” (p. 60).

En El miedo a la libertad (2015), Fromm sostiene que:

Una vez que hayan sido cortados los vínculos primarios que proporcionaban seguridad al individuo, se le abren dos caminos. El primero, le permite establecer espontáneamente su conexión con el mundo en el amor y el trabajo, en la expresión genuina de sus facultades emocionales, sensitivas e intelectuales. El otro camino es el de retroceder, abandonar su libertad y tratar de superar la soledad eliminando la brecha que se ha abierto entre su personalidad individual y el mundo. (p. 93)

Aquí es donde aparece Alvarito, como la tabla de salvación. En el fondo de esta inseguridad, el afecto nace de una carencia espiritual, personal. Mientras la soledad o sus sentimientos de frustración no sobrepasan los límites, Laura del Valle no intenta, por ejemplo, apoyar a Justina para que retome sus estudios; sin embargo, cuando el miedo a la soledad se ahonda es que, desde sus particulares intereses intenta apropiarse legalmente del niño. “Llegué a la conclusión, de acuerdo a mis sentimientos y la situación de los hermanitos, que lo más razonable no es darles una ayuda de dinero, sino proponer a doña Asunta que yo adopte al niño. Una adopción motivada por el cariño que le tengo y también por mi frustrada maternidad” (Rivera, 2018, p. 75). Pero ¿debe la búsqueda de la felicidad de unos proponer el desarraigo de los otros?

Al final de estos soliloquios, Laura se confiesa: “Soy una mujer ordenada, que cumple con atender los asuntos de la casa, asistir a sesiones de gimnasia, dar un paseo por el malecón… Y después recibo visitas, si las hay; voy sola o con amigos al cine, a recitales, a conciertos. Regalada existencia, abierta a lo casual, a lo imprevisto” (Rivera, 2018, 63).

Este es el mundo de Laura del Valle Bransen, en el cual se cumple lo siguiente: “El sentimiento de aislamiento es aterrador. La persona se oculta en su rutina diaria, la aprobación que halla en sus relaciones privadas y sociales (aunque esto no sea la felicidad), cualquier forma de distracción. Pero el silbar en la oscuridad no trae la luz” (Fromm, 2015, p. 89).
Esta es la modernidad líquida: volátil, incierta, insegura.

Referencias Bibliográficas

3. Las relaciones familiares Modernidad líquida. Madrid: Fondo de Cultura Económica.

Bryce, A. (1997). Un mundo para Julius.Lima: PEISA.

Fromm, E. (2015). El miedo a la libertad. Barcelona: Paidós.

Parra, F. (2004). Modernidad y posmodernidad: desafíos. Pharos, (11). p. 8.

Rivera, E. (2018). Soliloquios / Ciudad de fuego. Lima: Penguin Random House.

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